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LA RANITA ENAMORADA


Érase una vez una linda lagunita en forma de media luna rodeada de altas hierbas donde vivía toda una familia de ranas, desde los abuelos hasta los más pequeñines. Cerca había otras lagunitas donde también vivían muchísimas más ranas.De noche se oía siempre el croar de las ranas y a veces se unían a coro, unas familias les respondían a las otras, sobre todo al atardecer. Eran muchos los días en que el coro les quedaba tan bien que casi todas las aves del bosque cercano antes de retirarse a dormir venían para disfrutar de los conciertos que daban las ranas. Y entre todos esos “croac, croac” se destacaba uno muy bien afinado: provenía de una de las ranitas de la linda lagunita en forma de media luna.Algunas veces, al amanecer, antes de irse a dormir, esta ranita pequeñita de color marrón con rayas doradas y negras solía descansar en aquella roca que sobresalía en el extremo oriental de la lagunita y le cantaba a la luna que veía reflejada en el agua y se preguntaba, ¿en esas estrellas que brillan tanto vivirán ranitas como yo? Muchas veces pensaba que se enamoraría de una rana macho de colores brillantes, con un “croac croac” que muchos envidiarían y que se pondría la corona y el velo con que se casó su mamá. Y así se le pasaban los minutos sin darse cuenta hasta que mamá rana la llamaba para ir a descansar.Una noche, después de estar un rato con su familia escuchando cuentos de su abuela rana —que por cierto, se sabía muchísimos—, decidió dar un paseo como todas las noches, pero ese día se alejó un poco más pues quería conocer qué había más allá de su lagunita. Saltaba alegremente la ranita, se acercaba a oler las flores pequeñitas que crecen bien cerca de la tierra y saludaba a todos los que se encontraba: a las abejitas que regresaban a su colmena de buscar el néctar de las flores, a las mariposas que alegraban con sus colores el lugar e iban a descansar, a los caracoles que regresaban de paseo…En eso, un “croac” distinto, un “croac” que ella nunca había escuchado, hizo que se detuviera. De momento quedó sin poderse mover, pero no era de miedo, sino de emoción. ¿Quién estaría croando tan lindo? Entonces decidió ir saltando despacito para acercarse al lugar de donde venía ese canto, y escondida detrás de unas hierbas apartó unas cuantas para poder ver bien.No podía creer lo que veían sus ojos. Era “él”, lo sabía, según ella, era la rana macho que estaba esperando para casarse… su piel de colores brillantes, sus ojos vivarachos y su “croac” que la había emocionado tanto. Pensó, “¿qué hago?”, y como era bien decidida, fue saltando hasta una piedra grande a la cual podría acercarse sin que él la viera, pero que en cuanto estuviera ella allí y comenzara a croar, él seguramente la iba a ver.Así hizo la ranita de la laguna en forma de media luna. Sin hacer ruido fue saltando hasta aquella piedra y cuando estuvo bien acomodada y aquel hermoso croar que la había emocionado dejó de escucharse por un momento, aprovechó para cantar con su mejor voz: “¡croac, croac!” Casi de inmediato sucedió lo que ella esperaba, aquella rana de colores brillantes dirigió sus ojos hacia la piedra y la vio a ella, que no es por nada, pero era una de las ranitas más lindas del lugar.Nuestra ranita, claro está, ahora esperaba que él quedara tan encantado con su canto como ella con el de él y le respondiera, hinchando su cuello como veía ella que hacía su papá rana, para después acercársele, quizás con una bella flor. Pero no sucedió nada de eso. Es cierto que él la miró, pero nada más, incluso decidió retirarse, a veces caminando, a veces dando algunos saltos cortos, hasta que se perdió entre las hierbas y no lo vio más. Lo que sí le llamó la atención es que no era exactamente como su papá, su abuelo, sus tíos, hermanos y primos: ese macho tenía las patas traseras mucho más cortas.La ranita quedó desconsolada y comenzó a llorar y a llorar que no había cómo detener aquel llanto. Allí quedó muy triste, llorando y pensando qué es lo que había pasado, por qué la había rechazado de esa manera hasta que comenzó a escuchar conocidos “croac” y que la llamaban por su nombre. Era su familia que la estaba buscando. Se secó las lágrimas con el pañuelito que le había regalado su abuelita y trató de croar como tantas otras veces, pero no salía aquel canto alegre y afinado, sino una melodía más bien triste. De todas maneras su familia la encontró y regresaron a su lagunita.Esa noche la ranita no formó parte del coro, se quedó apartada suspirando y recordando lo que le había sucedido. Muchos no se dieron cuenta, pero mamá rana sí se percató que algo le había pasado, y cuando ya todos se retiraban a descansar al amanecer, fue hasta donde estaba la ranita, la acurrucó y le dijo:—Hija, cuéntame qué te pasó … no me vayas a decir que nada pues las madres siempre sabemos y sé que te sucedió algo. ¿Por qué estás tan triste?La ranita no pudo contener más sus lágrimas y comenzó a llorar. Entre sollozo y sollozo le explicó a mamá rana lo que había sucedido cuando salió a pasear.Enseguida mamá rana se dio cuenta que aquel que había visto su querida hijita y cuyo croar la había emocionado tanto no era una rana, sino un sapo. Y todas las ranas machos y hembras y todos los sapos machos y hembras sabían perfectamente, desde hacía muchos, muchísimos años, que las ranas no pueden casarse con los sapos. Pero esta ranita era muy joven y aún le faltaban muchas cosas por saber.Con toda la dulzura del mundo mamá rana le explicó a la linda ranita todo esto que seguramente sí conocía aquel sapo. Por eso se había retirado y no le había hecho caso, y agregó:— Tú eres una ranita muy linda, por fuera y por dentro, y seguramente encontrarás alguna rana macho que se enamore de ti. No llores más, por favor.Aún sollozando, pero ya más tranquila, la ranita le dijo:— Es que yo no sabía eso, mamá. Por algo me llamó la atención que cuando se fue de allí, no daba saltos como todos nosotros, sino caminaba y a veces daba algunos saltitos cortos y fue cuando me di cuenta que tenía las patas de atrás más cortas. ¡Es diferente a nosotros, las ranas!Y la ranita le dio un beso a su mamá y le agradeció la explicación. ¡Cómo sabían los abuelos, las mamás y los papás! Mañana cantaría con la misma voz alegre de todos los días en el coro y estaba segura que sucedería lo que le dijo mamá rana. Y suspirando aún, puso su cabeza en la almohada y se durmió.Cuando ya el sol comenzaba a ocultarse, estaban todas las ranas levantadas y saltando de aquí para allá y de allá para acá. Todos estaban muy ocupados pues se casaba la hermana mayor de nuestra ranita. Unos preparaban las mesas con las sillas, los otros ocupados haciendo el pastel, una tía con sus primas terminando los trajes de los novios, y así cada una de las ranas tenía algo que hacer. Nuestra ranita, cantando y cantando, estaba tan ocupada en la tarea que le dieron que no se dio cuenta que llegaba la orquesta que habían contratado para la boda.Cada uno de los de la orquesta venía con su instrumento: los saltamontes y grillos venían con los violines y las guitarras, un grupo de escarabajos cargaban sus trompetas, la araña traía una carretilla con toda su batería y varias abejitas ayudaban a la mariposa que venía con su piano. Comenzaron a poner los instrumentos en el lugar que habían preparado para la orquesta y al cantante —que era una rana de colores brillantes— le llamó la atención la forma de cantar de ranita y se sentó en una de las sillas para escucharla bien.La ranita de nuestro cuento “sintió” que la estaban mirando, fue bajando el tono de voz y mirando despacio a su alrededor hasta que sus ojos se toparon con la mirada del cantante de la orquesta. ¡Eso fue un flechazo, amiguitas y amiguitos! Los dos quedaron sin habla mirándose fijamente. Fue entonces cuando el cantante decidió comenzar a entonar una canción, una bella canción. Su voz era tan hermosa que todos quedaron maravillados, por un momento todos dejaron lo que estaban haciendo para escuchar esa voz.La melodía continuaba y el cantante comenzó a acercarse a ranita, recogiendo por el camino una de las flores que adornaban el lugar y cuando llegó a donde estaba ella se arrodilló y con la mejor de sus notas, le ofreció la flor.A la ranita se le aguaron los ojos, pero ahora no era de tristeza, sino de emoción. Nunca le habían regalado una flor tan linda, nunca le habían cantado así. El cantante decidió ponerse a ayudar a la ranita a poner los adornos en las mesas y ella decidió cantar junto con él. Fue el mejor dúo que se había escuchado en toda la región, según dijeron las ranas abuelas y abuelos.Esa noche, en la boda, la orquesta no tuvo un cantante, sino dos, pues se unieron las voces del cantante y de la ranita para no separarse nunca más. Pues sí, como seguramente estás pensando, a partir de ese día siguieron juntos y tan solo unas semanas más tarde se casaron en el mismo lugar, en la lagunita en forma de media luna. Ese día, la ranita se puso la corona y el velo que había usado su mamá cuando se casó.¿Tengo que decirles que fueron muy felices? Yo sé que lo están pensando, y así mismo fue.“Croac, croac.”

Josefina Ezpeleta

1 comentario:

sofik dijo...

Hola, padrisimo tu blog, me encantó, MUCHAS FELICIDADES!!!!!!

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