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LA RANA SOÑADORA!!!



Se apareció un lluvioso día de octubre,
cuando todavía era una débil y tímida ranita.
De inmediato se fue a vivir en el estanque, allí,
en el centro del jardín, donde también habitaban
los peces de colores.
Con el pasar de los días, la extraviada ranita,
saltando y brincando, muy pronto creció y en una
grande y hermosa rana se convirtió.
Pero esta rana no era como las otras
ranas que habíamos conocido.
Rana no croaba, simple y llanamente porque
se creía princesa.
Y como no croaba, ni otros sapos, ni otras ranas
sabían de su existencia. Suceso que no le preocupaba,
ya que se la pasaba recolectando y mirando recortes
de revistas viejas en busca de un Príncipe Azul
que la librara de tan cruel encanto.
Princesa Soñadora, le decíamos, y era que, según
ella misma nos contaba, una malvada bruja la había
hechizado, convirtiéndola, para su desgracia y desdicha,
en la horrible y fea rana que ahora ella creía ser.
—Mírate en las cristalinas aguas del estanque,
y fíjate de una vez por todas lo bella que tú eres
—le insistía conciliadora, como siempre, su amiga
Paloma Torcaz, quien a menudo se acercaba a la orilla
del estanque a saciar su sed.
Pero por más que en el agua se miraba, Princesa Soñadora
no lograba comprender el porqué de las consoladoras
palabras de Paloma Torcaz.
—Ojalá y venga muy pronto el Príncipe Azul que tanto
espero y en su carruaje de oro a su castillo me conduzca.
Entre tules y finas cortinas de seda, con mucho gusto vivirí,
a y principitos y princesitas a la Real Corte yo daría.
¿Será este o será aquél mi tan esperado príncipe azul?
—y entre besos y besuqueos, las viejas fotos ella tiraba,
despertando un creciente enojo en los peces de colores,
quienes, preocupados por su vida, contemplaban cómo
Rana Soñadora, de basura el fondo del estanque les llenaba.
Para evitar que su amiga rana contaminase el espejo
de agua por completo y causara una tragedia mayor,
tuvo que ir Paloma Torcaz de estanque en estanque
y revelar la noticia de que en el abandonado
jardín de la tía Teresa, vivía una rana soñadora
que se creía Princesa.
De los alrededores, sapos y ranas,
alertados, no se hicieron esperar.
De los primeros en llegar, fueron Sapo Visor y Rana Curandera,
el uno husmeando por aquí y por allá, y la otra ofreciendo
cura milagrosa para toda clase de males.
Pero la gran sorpresa se la llevó Rana Abuela,
quien reconoció en Princesa Soñadora a una
de sus nietas queridas, arrastrada una mañana
de torrencial aguacero por uno de los muchos
arroyuelos que en época de lluvia inundaban
el parque donde ella había nacido.
Dando brincos enérgicos para su edad,
Rana Abuela fue y les avisó enseguida
a los padres de la ranita extraviada,
quienes llenos de ansiedad se trasladaron
de inmediato al jardín donde Rana Soñadora se encontraba.
Los sapos solterones, los más entusiasmados,
a Rana Soñadora enseñaron a croar y papá y mamá Ranas
al escuchar aquellos primeros croaquidos,
a su emocionada hija no dejaban de abrazar.
¡Qué felices ellos se sentían al haber encontrado
a la hija que creían fallecida!
Y a la luz de la luna llena, sapos y ranas festejaron
aquel feliz encuentro con su familia Real y verdadera
y en plena fiesta, la Princesa escogió como compañero
de baile a Sapo Bailarín.
¡Su Príncipe Azul, su sapo encantado! Y aunque
ya no habían cortes ni carruajes de oro, ni mucho
menos tules y finas cortinas de seda, solamente
ranitas y sapitos, igual de feliz o quizás más
de lo pensado, la Princesa Rana y su Sapo
Enamorado compartieron con los suyos la dicha del amor.
Y así fue como gracias al ingenio de Paloma Torcaz,
los Peces de Colores salvaron su vida y Rana Soñadora
a su vez pudo encontrar junto a su familia y, sobre todo,
junto a Sapo Bailarín, la tan soñada felicidad.

Autor: © Ricardo León De las Salas

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