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CAZANDO RANAS



Carolina ya estaba esperando en el coche de papá con su hermano Erik al lado.


-Carol ¿vamos a cazar ranas? Yo quiero cazar una… ¿Y dónde la metemos? Necesita una casa o se morirá…. Papá tendrá que hacer algo…

-Erik ¡cállate un ratoooo! Primero tenemos que llegar al campo, y luego ya veremos qué pasa ¡tranquilízate! – gritó Carol que ya tenía la cabeza como un bombo.

-En marcha- dijo papá y arrancó el coche…

El trayecto se hizo un poco largo, aguantar a Erik más de una hora hablando y hablando era insufrible. Cuando llegaron Carolina se bajó emocionada. Los días de campo eran sus favoritos, en verano eran muy frecuentes…

-Vamos Erik que te llevo a la charca a por ranas. Que no se te olvide la red – dijo a su hermano.

Carolina conocía muy bien aquél lugar, y no había nada peligroso. Además ya tenía ocho años, cuatro más que su hermano. Sus padres le daban permiso porque la charca estaba justo al lado de donde se instalaban a pasar el día.

Las ranas estaban encima de unas piedras en el centro de la charca, estaban todas juntas tomando el sol… Había cinco y no se movían.

-¡Carolinaaaaa! ¡Carolinaaaaa! Mira cuantas ranas….nos vamos a hinchar!!! – gritó Erik sin poder creer lo que veía.

Las ranas se asustaron con sus gritos y empezaron a dar saltos cada una hacia un lado. En cuestión de un minuto desaparecieron.

-Chssssssssssss chssssssssss ¡silencio! – Dijo la niña en voz muy bajita – Si gritas las espantas, ahora tendremos que esperar a que vuelvan a salir ¡qué paciencia tengo que tener contigo!

Llevaban más de una hora esperando tumbados en el suelo, pero las ranas no salieron, Erik las asustó tanto que se no atrevieron a salir en toda la mañana.

-Niños vamos a darnos un baño – mamá les esperaba con las toallas en la mano.

Se fueron al río con sus padres y Carolina se divirtió mucho enseñando a nadar a su hermano. Le pusieron unos manguitos en los brazos para que flotara, pero cada vez que Erik se reía abría la boca y se tragaba el río jaja

Su papá les prometió que por la tarde iría con ellos a cazar ranas. Se fueron los tres mientras mamá se relajaba leyendo un libro.

-Chsssssss silencio ¿las veis? están detrás de aquellos juncos… no hagáis ruido mientras me acerco… – dijo el padre muy cauteloso.

Tiró la red y cazó tres ranas de una sola vez, con mucho cuidado las metió en una caja de plástico para que las mantuviera húmedas.

-Vivaaaaaa ¡hemos cazado tres ranas! ¡Hemos cazado tres ranas! – cantaba Erik dando vueltas alrededor de su padre.

-¡Qué bonitas papá! Ahora tendremos que preparar un estanque para ellas en el jardín ¡Serán las ranas más felices del mundo!

-Bueno las tendremos solo por unos días, su charca está contaminada y si no las sacamos morirán todas. Tengo que coger las dos que faltan ¿me ayudáis?

Tardaron toda la tarde hasta capturar las dos últimas. Cuando las metieron en la caja se quedaron todas muy calladas.

- Papá por qué no dicen nada? – preguntó Erik

-Están asustadas, será mejor irnos a casa. Mañana les prepararemos el estanque. – Dijo papá

El domingo por la mañana construyeron entre todos un precioso estanque con piedras y todo. Lo hicieron lo más parecido a la charca por el bien de las ranas. Lo llenaron de agua y las soltaron.

El padre de Carolina y Erik se dedicaba a proteger las especies animales en peligro. Cuidarían de las ranas hasta que hubiera una charca natural para ellas, donde estuvieran seguras. Pero mientras Erik y Carol disfrutarían de su compañía…

Los niños se pasaban el día observándolas en silencio para no asustarlas. A Erik le impresionó ver cómo lanzaban su larga lengua para capturar insectos.

-¡Qué puntería tienen! ¡Las cazan al vuelo! – decía el niño asombrado. Él sacaba la lengua tratando de imitarlas y su hermana se reía de las caras raras que ponía.

Por la noche el croar de las ranas hacía dormir plácidamente a todos…

Pasó un mes y el padre de Carolina y Erik ya tenía un lugar para soltarlas.

-Estarán muy seguras, es un lugar protegido, nadie podrá cazarlas y podrán reproducirse sin peligro- les dijo papá.

Ese mismo domingo viajaron hasta la charca protegida. Carol llevaba en la caja tres ranas y Erik metió las otras dos en su caja. Estaban emocionados por lo importante que era su cometido.

-Estamos ayudando a una especie animal, les damos protección ¡somos héroes! – dijo carolina a su padre

-¡Siiii! Yo soy Spiderman – gritó entre risas el pequeño Erik

-Estás más loco que una cabra jaja – rió Carol

Cuando llegaron al lugar Erik quiso ser el primero en soltarlas, después le siguió Carolina. Se quedaron mirando cómo las ranas buscaban un lugar donde acomodarse… ¡Qué orgullosos se sintieron de su padre!


-Papá cuando sea mayor quiero dedicarme a salvar animales ¡es algo precioso! – dijo Carolina

-Si yo también quiero, así podré seguir cazando ranas – secundó Erik

-No está bien que caces ranas – dijo papá sonriendo

-¡Pero si es para salvarlas! ¡Las cazo y las salvo papá!

Carolina y su padre se echaron a reír….

Aquella charca era su secreto, sólo ellos podían ir a visitar a sus amigas una vez al mes, aunque a veces llevaban a sus amigos para que las conocieran.

¡Qué bonito resulta ayudar a los animales!

Tomado de cuchu -cuentos infantiles

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