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LA RANITA ESTRELLA

Reni era la ranita verde más alegre de todo el valle de Antón. A menudo se le veía saltar y saltar entre la verde naturaleza del lugar. Su lugar preferido era los charcos de agua fresca y transparente. Además, como buena hija, siempre fue obediente a su mamá doña Renata. - “Aléjate de los hongos” – constantemente le ordenaba. Una noche, antes de dormir, Reni miró hacia arriba y observó las luces que allí titilaban. Eran las estrellas. - Yo quiero ir allá ¿Puedo mamá? – dijo Reni. - ¡Claro que no!- le respondió la mamá.-Está muy lejos y nosotros nunca llegaríamos. - ¿Y si salto muy fuerte y mucho?—inquieta le preguntó. - ¡Ja, ja, ja!- Los únicos que hasta allá llegan son los que tienen alas. Pero ya duérmete que es tarde. Y le dio el beso de buenas noches. Al día siguiente, Reni buscó a don Facundo, el orgulloso halcón sabanero. - ¿Me ayudaría usted a llegar hasta las estrellas? le preguntó. Don Facundo de la risa que le dio, se tiró al suelo para reírse con más fuerza. - “Las ranas no vuelan, saltan” le respondió – “Eres solo una ranita y nunca pasarás de las copas de los árboles”. Abrió sus alas y se fue volando. Doña Olga, la tortuga más lenta, del valle, encontró a Reni muy triste sobre una piedra. - ¿Qué tienes? le preguntó. - Es que no puedo volar. La tortuga movió la cabeza lentamente de un lado a otro; y le dijo: - La imaginación no necesita alas y con ella puedes ir donde quieras. Y así, con un paso a la vez se alejó de la ranita soñadora. Reni se imaginó que estaba tan cerca de las estrellas que las podía tocar. Hasta saltaba de una estrella a otra. Esa tarde, con el atardecer, el charco preferido de Reni estaba dorado por el reflejo del sol. Escuchó que alguien pedía auxilio. Era un pichón que cayó en el agua. Reni, sin pensarlo dos veces, se lanzó a salvarlo. Doña Plumis, la mamá del pajarito en peligro, lloraba amargamente por su pequeño. Sin embargo, la valentía de Reni rescató al pajarito. - ¿Pero qué te pasó? ¡Mírate! Todos los presentes le preguntaron. La ranita era de color dorado y no verde como siempre. Intentó lavarse, pero no pudo. Doña Olga que allí estaba le dijo: - No llegarás hasta las estrellas, pero por tu valentía desde hoy serás como ellas: dorada. Desde entonces ya no se habla de Reni, la ranita verde; sino de Reni, la ranita dorada. escritor panameño Danny Vega Mendez

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