Érase una vez, había una linda charca.
En ella vivía un Sapo, verde y con ojos saltones anaranjados.
Vivía solo en aquel lugar, aburrido de siempre hacer lo mismo y de estar solo
Tomaba el sol todos los días hasta que desaparecía. Era un sapo muy sabio. Le gustaba hacer ejercicios de relación, meditación y todo aquello que le proporcionase una paz interior.
Una tarde el señor de aquellas tierras, paseaba cerca del río, el sapo, al verle, se escondió. Pero cuál fue su sorpresa. El señor de las tierras dejo caer al agua una Ranita linda.
Y desde aquel instante ya no había noche ni momento del día, que no pensara en ella. Todos los días con mucho cuidado se acercaba al rio para poder verla, pero no fue así.
Nunca la veía……pero ella estaba allí.
Un nuevo sentimiento se apoderó de su ser. -¡Ay si pudiera verla una vez más!
Si pudiera verme en sus ojos, tener tan cerca de mí su sonrisa…
Esto hizo que el sapo se acostumbrara a despertarse y salir corriendo todos los días al rio.
¿Cómo sería ella en realidad?
-El, se preguntaba todos los días.
Simpática,
Alegre,
Cariñosa,
Así un día y otro, hasta que… sin darse cuenta se le fue colando entre sueños, y comenzó a imaginarla. Y su corazón se dejaba atrapar por éste nuevo sentimiento.
¿Dónde vivía la dueña de sus sueños?
Tendría que salir en su búsqueda… Pondría en peligro su charca….
El tiempo jugaba en su contra, pronto cumpliría la edad, y tendría que emprender el viaje que lo alejaría para siempre de su amada
La vería solo una vez para poder recordarla, al menos tendría la imagen de su amada.
Así que decidió plantarse allí hasta que ella apareciese por alguna parte del cieno, de aquel rio.
Sabía que su corazón la reconocería en el mismo instante que se mirara en sus ojos.
Y así fue, cuando al pasar por la orilla del rio, la escuchó croar.
Su corazón al verla, se aceleró…tic tac tic tac
El joven sapo se acercó,
-Cómo te llamas le preguntó.
Júpiter es mi nombre, como los planetas.
-Y tú?
Zeus es mi nombre, como el dios del cielo y del trueno.
Se miraron en un tiempo que les pareció eterno, por la intensidad de sus miradas, era como si ya se conocíeran y habiendo estado perdidos se volvieran a encontrar.
Todo se detuvo a su alrededor, el silencio los envolvió.
Llevas mucho tiempo sin decir una palabra, y te veo un poco perdido.
Llevo mucho tiempo solo en esta apartada charca. Me siento afortunado de tenerte aquí conmigo.
Después de las presentaciones, y cenar como reyes, se fueron a descansar.
Pasaron días y días…. Júpiter y Zeus se hicieron íntimos, siempre juntos para hacer cualquier cosa, pero llegó el momento que Zeus tenía que tomar una decisión…pedirle matrimonio.
Tengo que proponerte una cosa….
¿Quieres casarte conmigo para siempre? ¿Para toda la vida?
Eres lo mejor que me ha pasado en todos estos años…y quiero compartir contigo toda mi vida. No quiero perder ni un segundo sin ti.
Ella, respondió que sí, que lo amaba y quería estar con él hasta el resto de su vida.
Entonces celebraron una preciosa boda en la que comieron, bailaron, rieron y pasaron un día muy especial.
Estaban muy enamorados…
Pero un día Júpiter salió a pasear por el rio y cuál fue su sorpresa, se encontró encerrada en una trampa preparada por un adulto. Ella se vio atrapada y no sabía qué hacer. Sabía que no podía escapar. El adulto llego y se la llevo en bote.
Zeus estaba preocupado….
No era normal que Júpiter no estuviese en casa así que salió en su búsqueda. Al llegar al rio, vio como se la llevaban. Aterrado de ver que lo mejor que le había pasado en el mundo lo perdía.
Júpiter lo estaba esperando…
-Júpiter- la llamó- amor mío, no dudes ni por un momento que te haya olvidado.
La ranita no podía creer lo que estaba pasando, pero su cuerpo le decían que no estaba soñando, que era su amado estaba allí, y cerró los ojos y dio gracias.
Cuando el adulto se descuidó, Zeus, fue a salvar a su esposa. La saco de aquel bote y corrieron hasta llegar a charca. Seguidamente prepararon las maletas y decidieron salir de aquel lugar lo antes posible.
Júpiter, feliz miraba su casita de la charca, algún día pasearía con sus hijos, y les enseñaría el arte de la libertad.
Al día siguiente, ya estaban en un precioso lugar en el que habitaban otras ranitas. Fueron muy bien recibidos, incluso les ofrecieron un lugar donde vivir. Se sintieron tan alegres que gozaban de felicidad, era una sensación que no se podía explicar.
Se quedó atónito, del buen recibimiento, las tierras eran fértiles con abundancia de agua.
Fue en la cena, estaban todos alrededor de la mesa:
Cuando muy alegre, se dirigió a todos y les dijo: deseábamos por encima de todo, que seamos muy felices en este lugar.
Cuando se vieron libres, y a sabiendas que ya nadie podría hacerles daño, rieron a carcajada limpia, pues ambas partes disfrutaron del momento.
En fin….
Todos fueron felices y comieron lombrices…………
Colorín colorado esta historia de amor a terminado.
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La rana de la suerte!!
Érase una vez, había una linda charca.
En ella vivía un Sapo, verde y con ojos saltones anaranjados.
Vivía solo en aquel lugar, aburrido de siempre hacer lo mismo y de estar solo
Tomaba el sol todos los días hasta que desaparecía. Era un sapo muy sabio. Le gustaba hacer ejercicios de relación, meditación y todo aquello que le proporcionase una paz interior.
Una tarde el señor de aquellas tierras, paseaba cerca del río, el sapo, al verle, se escondió. Pero cuál fue su sorpresa. El señor de las tierras dejo caer al agua una Ranita linda.
Y desde aquel instante ya no había noche ni momento del día, que no pensara en ella. Todos los días con mucho cuidado se acercaba al rio para poder verla, pero no fue así.
Nunca la veía……pero ella estaba allí.
Un nuevo sentimiento se apoderó de su ser. -¡Ay si pudiera verla una vez más!
Si pudiera verme en sus ojos, tener tan cerca de mí su sonrisa…
Esto hizo que el sapo se acostumbrara a despertarse y salir corriendo todos los días al rio.
¿Cómo sería ella en realidad?
-El, se preguntaba todos los días.
Simpática,
Alegre,
Cariñosa,
Así un día y otro, hasta que… sin darse cuenta se le fue colando entre sueños, y comenzó a imaginarla. Y su corazón se dejaba atrapar por éste nuevo sentimiento.
¿Dónde vivía la dueña de sus sueños?
Tendría que salir en su búsqueda… Pondría en peligro su charca….
El tiempo jugaba en su contra, pronto cumpliría la edad, y tendría que emprender el viaje que lo alejaría para siempre de su amada
La vería solo una vez para poder recordarla, al menos tendría la imagen de su amada.
Así que decidió plantarse allí hasta que ella apareciese por alguna parte del cieno, de aquel rio.
Sabía que su corazón la reconocería en el mismo instante que se mirara en sus ojos.
Y así fue, cuando al pasar por la orilla del rio, la escuchó croar.
Su corazón al verla, se aceleró…tic tac tic tac
El joven sapo se acercó,
-Cómo te llamas le preguntó.
Júpiter es mi nombre, como los planetas.
-Y tú?
Zeus es mi nombre, como el dios del cielo y del trueno.
Se miraron en un tiempo que les pareció eterno, por la intensidad de sus miradas, era como si ya se conocíeran y habiendo estado perdidos se volvieran a encontrar.
Todo se detuvo a su alrededor, el silencio los envolvió.
Llevas mucho tiempo sin decir una palabra, y te veo un poco perdido.
Llevo mucho tiempo solo en esta apartada charca. Me siento afortunado de tenerte aquí conmigo.
Después de las presentaciones, y cenar como reyes, se fueron a descansar.
Pasaron días y días…. Júpiter y Zeus se hicieron íntimos, siempre juntos para hacer cualquier cosa, pero llegó el momento que Zeus tenía que tomar una decisión…pedirle matrimonio.
Tengo que proponerte una cosa….
¿Quieres casarte conmigo para siempre? ¿Para toda la vida?
Eres lo mejor que me ha pasado en todos estos años…y quiero compartir contigo toda mi vida. No quiero perder ni un segundo sin ti.
Ella, respondió que sí, que lo amaba y quería estar con él hasta el resto de su vida.
Entonces celebraron una preciosa boda en la que comieron, bailaron, rieron y pasaron un día muy especial.
Estaban muy enamorados…
Pero un día Júpiter salió a pasear por el rio y cuál fue su sorpresa, se encontró encerrada en una trampa preparada por un adulto. Ella se vio atrapada y no sabía qué hacer. Sabía que no podía escapar. El adulto llego y se la llevo en bote.
Zeus estaba preocupado….
No era normal que Júpiter no estuviese en casa así que salió en su búsqueda. Al llegar al rio, vio como se la llevaban. Aterrado de ver que lo mejor que le había pasado en el mundo lo perdía.
Júpiter lo estaba esperando…
-Júpiter- la llamó- amor mío, no dudes ni por un momento que te haya olvidado.
La ranita no podía creer lo que estaba pasando, pero su cuerpo le decían que no estaba soñando, que era su amado estaba allí, y cerró los ojos y dio gracias.
Cuando el adulto se descuidó, Zeus, fue a salvar a su esposa. La saco de aquel bote y corrieron hasta llegar a charca. Seguidamente prepararon las maletas y decidieron salir de aquel lugar lo antes posible.
Júpiter, feliz miraba su casita de la charca, algún día pasearía con sus hijos, y les enseñaría el arte de la libertad.
Al día siguiente, ya estaban en un precioso lugar en el que habitaban otras ranitas. Fueron muy bien recibidos, incluso les ofrecieron un lugar donde vivir. Se sintieron tan alegres que gozaban de felicidad, era una sensación que no se podía explicar.
Se quedó atónito, del buen recibimiento, las tierras eran fértiles con abundancia de agua.
Fue en la cena, estaban todos alrededor de la mesa:
Cuando muy alegre, se dirigió a todos y les dijo: deseábamos por encima de todo, que seamos muy felices en este lugar.
Cuando se vieron libres, y a sabiendas que ya nadie podría hacerles daño, rieron a carcajada limpia, pues ambas partes disfrutaron del momento.
En fin….
Todos fueron felices y comieron lombrices…………
Colorín colorado esta historia de amor a terminado.
LA RANA Y EL ORGULLO
Una rana se preguntaba como podia alejarse del clima frio del invierno. Unos gansos le sugirieron que emigrara con ellos. Pero el problema era que la rana no sabia volar. "Dejenmelo a mi -dijo la rana-. Tengo un cerebro esplendido". Luego pidio a dos gansos que la ayudaran a recoger una cana fuerte, cada uno sosteniendola por un extremo. La rana pensaba agarrarse a la cana por la boca.
A su debido tiempo, los gansos y la rana comenzaron su travesia. Al poco rato pasaron por una pequena ciudad, y los habitantes de alli salieron para ver el inusitado espectaculo. Alguien pregunto: "?A quien se le ocurrio tan brillante idea?" Esto hizo que la rana se sintiera tan orgullosa y con tal sentido de importancia, que exclamo: "?A MI!". Su orgullo fue su ruina, porque al momento en que abrio la boca, se solto de la cana, cayo al vacio, y murio.
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Hay ocasiones en que la falta de humildad o el exceso de orgullo, pueden echar abajo los planes mas excelentes.
LA RANA EL CANGREJO Y LA TRUCHA.
Hace ya muchísimo tiempo, en lo más profundo de la selva de la Isla de Bioko, había un pequeño riachuelo, que transcurría por una zona montañosa de difícil acceso. En lo más profundo de las montañas se había formado un pequeño lago donde vivían felices un grupo de cangrejos, otro de truchas y otro de ranas. Hasta que un día, se instaló un pescador en las inmediaciones que todas las mañanas bajaba al lago a pescar provisto de una caña, cobrándose una trucha, un cangrejo y una rana.
Transcurridos varios días y viendo el peligro que corrían, una de las ranas convocó a toda la población del pequeño lago y les dijo: "Corremos un serio peligro, ese pescador nos exterminará", apuntando hacia una cabaña situada en la ladera de una de las montañas, de cuya chimenea emanaba un hílo de humo. "tenemos que defendernos antes de que eso ocurra", continuó diciendo.
Contesto la trucha diciendo : "Yo soy el que menos riesgo corre, con dos o tres aletazos, desaparezco de la vista de quien sea. Así que no tengo por qué preocuparme".
Dijo el cangrejo : "Yo tampoco tengo que preocuparme, me meto entre las rocas, en los huecos más profundos, y no me alcanza nadie".
Y entonces dijo la rana : "Yo tengo que ascender a la superficie de cuando en cuando y sería presa fácil, así que tendré que buscar alguna solución". Entonces salió del lago en busca del mago de las montañas. Le contó su problema y este le ofreció un ungüento viscoso para que se untarán él y los suyos.
A la mañana siguiente, apareció el pescador provisto de una red de pescar, la lanzó y se cobró tanto truchas, cangrejos como ranas. Se dispuso a recoger sus presas introduciéndolas en el cesto que llevaba, pero cada vez que cogía una rana, esta se le escurría entre los dedos y volvía al lago.
Desde entonces, las ranas croan loando la astucia de su compañera y siempre llevan el ungüento untado en su piel.
Moraleja: Debemos intentar resolver nuestros problemas y no cruzarnos de brazos a lo que venga.
Cuento popular de Mariano Martin
LA RANA NOELIA Y EL SAPO MANUEL......por: María Agustina Peretti
La rana Noelia y el sapo Manuel eran muy amigos y vivían en un estanque junto con otros animalitos.
Un día de sol, un caracol se les acercó y les propuso un juego, les dijo que quien saltara más alto tendría un gran premio y que el que perdiera tendría que entregar una prenda.
cuento-infantil-la-rana-pepa
Entonces se fueron a saltar y saltar hasta que se dieron cuenta de que habían llegado a otro estanque, uno al que sabían que no debían ir, pues habían oído que vivían muchos animales peligrosos y hambrientos.
Fue en ese momento que se dieron cuenta de que el caracol les había tendido una trampa, no había premio y no había prenda, era todo un engaño de Ricardo el caracol.
Sigilosamente y silenciosamente se fueron retirando despacito despacito para que ninguno de los animales feroces los oyera, pero… en el momento que no se lo esperaban se escuchó:
– ¡Ssssh! – y luego otro – ¡Ssssh!
¡Alguien venía!
– ¿Qué hacemos?, – dijo Noelia.
– ¡No lo sé!, – dijo Manuel mientras se ocultaba detrás de un par de juncos.
Unos segundos más tarde se asomó de entre los pastizales una serpiente de agua verde y amarilla.
– ¡Ese era el sonido que escuchábamos! – dijo Noelia.
La serpiente era muy amigable, es más, los invitó a darse un buen chapuzón, que en ese momento no venía nada mal, ya que era un día de mucho calor. Y así comenzaron a aparecer otros animales e insectos, como pájaros, ranas, sapos, patos, peces y muchos más.
Noelia y Manuel comprobaron que era todo un mito el que los animales que allí habitaban eran feroces. Les gustó tanto este estanque que decidieron quedarse a vivir, además estaban tan encantados con el nuevo hogar que olvidaron para siempre el engaño de Ricardo el Caracol y se enamoraron.
La Rana y El escorpion
Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo:
—Amiga rana, ¿puedes ayudarme a cruzar el río? Puedes llevarme a tu espalda…
—¿Que te lleve a mi espalda? —contestó la rana—. ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo a mi espalda, sacarás tu aguijón, me picarás y me matarás. Lo siento, pero no puede ser.
—No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. ¿No ves que si te pincho con mi aguijón te hundirás en el agua y que yo, como no sé nadar, también me ahogaré?
Y la rana, después de pensárselo mucho se dijo a sí misma:
—Si este escorpión me pica a la mitad del río, nos ahogamos los dos. No creo que sea tan tonto como para hacerlo.
Y entonces, la rana se dirigió al escorpión y le dijo:
—Mira, escorpión. Lo he estado pensando y te voy a ayudar a cruzar el río.
El escorpión se colocó sobre la resbaladiza espalda de la rana y empezaron juntos a cruzar el río.
Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, en una zona del río donde había remolinos, el escorpión picó con su aguijón a la rana. De repente la rana sintió un fuerte picotazo y cómo el veneno mortal se extendía por su cuerpo. Y mientras se ahogaba, y veía cómo también con ella se ahogaba el escorpión, pudo sacar las últimas fuerzas que le quedaban para decirle:
—No entiendo nada… ¿Por qué lo has hecho? Tú también vas a morir.
Y entonces, el escorpión la miró y le respondió:
—Lo siento ranita. No he podido evitarlo. No puedo dejar de ser quien soy, ni actuar en contra de mi naturaleza, de mi costumbre y de otra forma distinta a como he aprendido a comportarme.
Y poco después de decir esto, desaparecieron los dos, el escorpión y la rana, debajo de las aguas del río.
Tomado de Historias de debajo de la luna
SAPO VERDE DE GRACIELA MONTES
Humberto estaba muy triste entre los yuyos del charco.
Ni ganas de saltar tenía. Y es que le habían contado que las mariposas del Jazmín de Enfrente andaban diciendo que él era sapo feúcho, feísimo y refeo.
—Feúcho puede ser —dijo, mirándose en el agua oscura—, pero tanto como refeo... Para mí que exageran... Los ojos un poquitito saltones, eso sí. La piel un poco gruesa, eso también. Pero ¡qué sonrisa!
Y después de mirarse un rato le comentó a una mosca curiosa pero prudente que andaba dándole vueltas sin acercarse demasiado:
—Lo que a mí me faltan son colores. ¿No te parece? Verde, verde, todo verde. Porque pensándolo bien, si tuviese colores sería igualito, igualito a las mariposas.
La mosca, por las dudas, no hizo ningún comentario.
Y Humberto se puso la boina y salió corriendo a buscar colores al Almacén de los Bichos.
Timoteo, uno de los ratones más atentos que se vieron nunca, lo recibió, como siempre, con muchas palabras:
—¿Qué lo trae por aquí, Humberto? ¿Anda buscando fosforitos para cantar de noche? A propósito, tengo una boina a cuadros que le va a venir de perlas.
—Nada de eso, Timoteo. Ando necesitando colores.
—¿Piensa pintar la casa?
—Usted ni se imagina, Timoteo, ni se imagina.
Y Humberto se llevó el azul, el amarillo, el colorado, el fucsia y el anaranjado. El verde no, porque ¿para qué puede querer más verde un sapo verde?
En cuanto llegó al charco se sacó la boina, se preparó un pincel con pastos secos y empezó: una pata azul, la otra anaranjada, una mancha amarilla en la cabeza, una estrellita colorada en el lomo, el buche fucsia. Cada tanto se echaba una ojeadita en el espejo del charco.
Cuando terminó tenía más colorinches que la más pintona de las mariposas. Y entonces sí que se puso contento el sapo Humberto: no le quedaba ni un cachito de verde. ¡Igualito a las mariposas!
Tan alegre estaba y tanto saltó que las mariposas del Jazmín lo vieron y se vinieron en bandada para el charco.
—Más que refeo. ¡Refeísimo! —dijo una de pintitas azules, tapándose los ojos con las patas.
—¡Feón! ¡Contrafeo al resto! —terminó otra, sacudiendo las antenas con las carcajadas.
—Además de sapo, y feo, mal vestido —dijo una de negro, muy elegante.
—Lo único que falta es que quiera volar —se burló otra desde el aire.
¡Pobre Humberto! Y él que estaba tan contento con su corbatita fucsia.
Tanta vergüenza sintió que se tiró al charco para esconderse, y se quedó un rato largo en el fondo, mirando cómo el agua le borraba los colores.
Cuando salió todo verde, como siempre, todavía estaban las mariposas riéndose como locas.
—¡Sa-po verde! ¡Sa-po verde!
La que no se le paraba en la cabeza le hacía cosquillas en las patas.
Pero en eso pasó una calandria, una calandria lindísima, linda con ganas, tan requetelinda, que las mariposas se callaron para mirarla revolotearentre los yuyos.
Al ver el charco bajó para tomar un poco de agua y peinarse las plumas con el pico, y lo vio a Humberto en la orilla, verde, tristón y solo. Entonces dijo en voz bien alta:
—¡Qué sapo tan buen mozo! ¡Y qué bien le sienta el verde!
Humberto le dio las gracias con su sonrisa gigante de sapo y las mariposas del Jazmín perdieron los colores de pura vergüenza, y así anduvieron caiduchas y transparentes todo el verano..
MANUELA, LA RANA SABIA
Cuento Corto para niños y niñas, creado por: Juan Pablo Urcola (Argentina)
Había una vez, en un hermoso jardín que debajo de un frondoso árbol, habitaba una ranita que había hecho su cuevita entre sus raíces.
Todos los días la ranita Manuela croaba y croaba sin descanso hasta que el sol del mediodía entraba por su puerta. Cuando esto acontecía, Manuela salía de su cueva y entre musgos y pastos llenos de rocío se camuflaba en busca de moscas, mosquitos, gusanitos y hormigas.
Cuentos cortos mira quien salta
Una mañana, mientras afinaba su garganta para ofrecer su serenata como de costumbre, una gran tormenta llagó y gota a gota, la lluvia se desató.
Pasaron las horas y la lluvia seguía sin parar. Manuela debía salir en busca de comida, pero ¿cómo haría para salir de su cuevita con esta gran tormenta?
Si algo caracterizaba a Manuela, la rana, era que ante una situación difícil o desconocida, nunca se atemorizaba sino que pensaba siempre en un plan que la ayudara a vencer las dificultades y poder llegar a concretar sus actividades de todos los días.
Manuela ideó el siguiente plan:
Número 1: buscar hojitas caídas a las afuera de la puerta de la cuevita.
Número 2: no tener miedo, en absoluto.
Número 3: hacer todos los movimientos con mucho cuidado, una vez fuera y bajo la lluvia.
Número 4: amarrar las hojas una por una y entrelazarlas entre sí, hasta formar una canoa de supervivencia.
Número 5: subir arriba de la canoa y tener confianza que el plan va a funcionar.
Y así Manuela, la rana sabia, con mucho sigilo, sin miedos pero confiada en que es posible que las cosas funcionen siempre que uno se las proponga, salió remando por aquel jardín entre charco y charco en busca de su habitual comida.
Tal fue el éxito de su plan que le sobró mucha comida para el día siguiente y entonces bajo aquel frondoso árbol y brillando el sol ya, una vez pasada la tormenta, pudo disfrutar de lo que más, más, más le gustaba hacer, que era croar, cantar y croar…..
”Crock, crock, crock” “Crick, crick, crcick” “Canto porque soy feliz” “Crock, crock, crock” “Crick, crick, crick” “Canto porque el miedo yo vencí”
LA RANITA FLOP Y SU FANTASTICO PARAGUAS..
En un campo verde había una laguna muy azul.
En la laguna azul flotaban redondos camalotes.
En el camalot más lindo vivía la ranita Flop.
Ese día la ranita Flop estaba muy contenta. Era su cumpleaños y su madrina le había prometido un regalo muy especial.
De pronto se oyó un fuerte: ¡Plash! y la laguna comenzó a balancearse para un lado y para el otro.
-¡Ay!- dijo Flop -¡casi me caigo de mi camalote!
La madrina había saltado con un paquete largo, larguísimo, que sostenía con las dos manos haciendo equilibrio para no caerse.
-¿Qué es? ¿Qué es?- dijo Flop emocionada. Y lo comenzó a abrir.
-¡Fantástico!- dijo Flop, siempre quise tener un paraguas rojo.
-¿Lo puedo probar?
-Por supuesto- dijo la madrina.
Y Flop se fue de paseo con su paraguas nuevo.
Saltó de camalote en camalote y llegó a la orilla. Empezó a caminar y como el sol estaba muy fuerte descubrió que el paraguas tenía una hermosa sombra.
A la ranita Flop, le pareció fantástico.
Después el cielo se llenó de nubes negras y comenzó a soplar un fuerte viento. A la ranita Flop le costó mucho trabajo sostener su paraguas. Parecía que el viento se lo quería arrancar de las manos. Pero… de pronto sopló con más fuerza y ¡ooooooh sorpresa!… la ranita Flop comenzó a volar.
A la ranita Flop, le pareció fantástico.
Plic, plic, plic. Empezó a caer una gota, otra y otra. Y se largó a llover muy fuerte.
-¡Qué tormenta!- dijo Flop y descubrió que sentadita debajo del paraguas se sentía protegida y seca.
Y a la ranita Flop, le pareció fantástico.
Cuando terminó la tormenta, Flop regresó a la orilla de la laguna azul. Pero… ¿Qué había pasado?… El viento había alejado mucho a los camalotes. Ahora ¿cómo los alcanzaría?
Entonces Flop apoyó el paraguas en el agua y comprobó que flotaba. Se subió en él y descubrió que su paraguas rojo podía ser un buen barco.
A la ranita Flop, le pareció fantástico.
Cuando llegó a su camalote, todas las ranitas la esperaban con una torta con dos velas rosas y un chocolate caliente para compartir. Y a la ranita Flop… esto, ¡también le pareció fantástico!
De Maria Mercedes Cordova
PABLO Y LA RANA
A Pablo le gusta mucho jugar en el campo. Sus padres tienen una casita en un pequeño pueblo cerca de la ciudad y suelen ir casi todos los fines de semana. Allí Pablo puede jugar cerca de un riachuelo pequeño, en el que solo puedes mojarte los pies.
A Pablo le gusta cazar bichos. Caza grillos, ranas, luciérnagas… Un día atrapó una rana en un bote. Cuando iba a coger la rana con la mano, la rana le miró y dijo:
– Si me das un beso me convertiré en príncipe.
– Puagg, ¡¡que asco!! ¡¡ No voy a besar a una rana!! – Dijo Pablo. - Además, ¿para qué quieres ser un príncipe? Ya nadie hace caso a los príncipes, ¡¡es mucho mejor ser una rana que habla!!
La rana no parecía muy convencida. Él siempre había estado esperando que alguien le diera un beso para ser príncipe; y su vida como rana solo había sido esperar y esperar, esperar y esperar….
Pero entonces Pablo le dijo que ser una rana que habla era algo asombroso, único en el mundo. Todos iban a quedarse asombrados ¡Podría incluso llegar a ser presidente! o ministro de medio ambiente, o ayudante de ministro…
La rana seguía sin creerle mucho. ¿Quién iba a hacer caso a una rana? Pero aceptó irse con Pablo a su casa.
– Necesitas un nombre. ¿Cómo te llamabas cuando eras príncipe?
– Me llamaba William Baldimor tercero. - Dijo la rana muy orgullosa.
– Pues ahora te llamaremos Willy ¿vale? – Dijo Pablo.
La rana no estaba muy convencida, pero aceptó de todas formas.
El lunes siguiente Pablo llevó a Willy al cole, y se montó un gran revuelo. Todo el mundo quería ver a la rana que hablaba. En un día Willy hizo más amigos que en toda su vida de rana.
A Willy le parecía increíble, ¿cómo era posible que tanta gente le hiciese caso? Sólo era una rana verde y un poco pringosa. Pablo le explicó que no tenía que fijarse en las cosas malas, sino en lo que le hacía único y diferente de los demás.
Entonces Willy se olvidó por completo de la idea de hacerse príncipe. Aprendió a leer y a escribir, y leyó muuuchos libros y habló con muuucha gente, hasta salió por la televisión. Pero nunca se olvidó de Pablo que le había enseñado a ser feliz siendo rana.
Pablo y Willy fueron amigos para siempre.
Moraleja: Hay que sacar lo mejor de uno mismo y ser feliz.
Tomado de cuentos infantiles cortos
MANUELA LA RANA SABIA!!
Había una vez, en un hermoso jardín que debajo de un frondoso árbol, habitaba una ranita que había hecho su cuevita entre sus raíces.
Todos los días la ranita Manuela croaba y croaba sin descanso hasta que el sol del mediodía entraba por su puerta. Cuando esto acontecía, Manuela salía de su cueva y entre musgos y pastos llenos de rocío se camuflaba en busca de moscas, mosquitos, gusanitos y hormigas.
Una mañana, mientras afinaba su garganta para ofrecer su serenata como de costumbre, una gran tormenta llagó y gota a gota, la lluvia se desató.
Pasaron las horas y la lluvia seguía sin parar. Manuela debía salir en busca de comida, pero ¿cómo haría para salir de su cuevita con esta gran tormenta?
Si algo caracterizaba a Manuela, la rana, era que ante una situación difícil o desconocida, nunca se atemorizaba sino que pensaba siempre en un plan que la ayudara a vencer las dificultades y poder llegar a concretar sus actividades de todos los días.
Manuela ideo un plan:
Número 1: buscar hojitas caídas a las afuera de la puerta de la cuevita.
Número 2: no tener miedo, en absoluto.
Número 3: hacer todos los movimientos con mucho cuidado, una vez fuera y bajo la lluvia.
Número 4: amarrar las hojas una por una y entrelazarlas entre sí, hasta formar una canoa de supervivencia.
Número 5: subir arriba de la canoa y tener confianza que el plan va a funcionar.
Y así Manuela, la rana sabia, con mucho sigilo, sin miedos pero confiada en que es posible que las cosas funcionen siempre que uno se las proponga, salió remando por aquel jardín entre charco y charco en busca de su habitual comida.
Tal fue el éxito de su plan que le sobró mucha comida para el día siguiente y entonces bajo aquel frondoso árbol y brillando el sol ya, una vez pasada la tormenta, pudo disfrutar de lo que más, más, más le gustaba hacer, que era croar, cantar y croar…..
”Crock, crock, crock” “Crick, crick, crcick” “Canto porque soy feliz” “Crock, crock, crock” “Crick, crick, crick” “Canto porque el miedo yo vencí”
tomado de cuentos infantiles cortos
LOS SUEÑOS DEL SAPO
Una tarde el sapo dijo: “Esta noche voy a soñar que soy árbol”, estuvo un largo rato mirando el cielo, después bajó a su cueva cerró los ojos y se durmió. Al día siguiente contó su sueño más de cien sapos.
3. El sapo dijo: “Anoche fui árbol estaba muy cerca de unos paraísos tenía nidos y raíces hondas y muchos brazos como alas pero no podía volar era un tronco delgado y alto”.
4. “ Creí que caminaba pero era otoño, llevándome las hojas. Creí que lloraba pero era la lluvia” y dijo: “No me gustó ser árbol”.
5. El sapo se fue a su huerta y se quedó descansando y dijo: “ Esta noche voy a soñar que soy río”.
6. Al día siguiente contó su sueño más de 200 sapos, hicieron una rueda para oírlo. “ Anoche fui río” -dijo el sapo-.
7. “ Estuve llevando barcos. Los llevaba y los traía, la misma prisa por partir y por llegar y descubrí que los barcos llevan a los que se quedan, también descubrí que el río es agua que está quieta y está siempre callado” .
8. . “ Fue una lástima, no vi ninguna sirena solo vi peces nada más que peces”, dijo: -“No me gusto ser río”-.
9. El sapo se fue a la huerta y descansó entre cuatro palitos que señalaban los límites del perejil.
10. El sapo dijo: “Esta noche voy a soñar que soy caballo”, a la mañana siguiente contó su sueño. Más de 300 sapos lo escucharon, muchos vinieron de muy lejos para oírlo. zzzzzzzzzz
11. “ Fui caballo a noche” dijo- “Un hermoso caballo, iba llevando un hombre que huía, iba por un camino largo, crucé puentes, pantanos. Oía latir el corazón del hombre que me castigaba, bebí de un lago pequeño, después un pájaro se posó sobro mi lomo”. Dijo: “ No me gusto ser caballo ”. -
12. Al otro día soñó que era viento y dijo “ -No me gustó ser viento-”, luego soñó que era nube también soñó que era luciérnaga.
13. Una mañana los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua. “ ¿Por qué estás tan contento?” Le preguntaron. El sapo respondió: “ Anoche tuve un sueño maravilloso, soñé que era sapo”.
autor Javier Villafañe
SAPO Y SEPO QUIEREN UN HELADO.
Un caluroso día de verano, Sapo y Sepo estaban sentados junto a la charca.
–¡Sería estupendo tener ahora unos helados bien fríos y dulces! –dijo Sapo.
–Qué buena idea –dijo Sepo–. Espérame aquí, Sapo. Volveré enseguida.
Sepo fue a la tienda. Compró dos grandes conos de helado de chocolate. Sepo lamió uno de los conos.
–A Sapo le gusta el de chocolate –dijo Sepo–. Igual que a mí.
Sepo volvió por el camino.
Una gran gota blanda de helado se escurrió por su brazo.
–Este helado se está derritiendo con el sol –dijo Sepo.
Sepo caminó más aprisa.
Muchas gotas de helado derretido volaron por el aire. Caían en la cabeza de Sepo.
–¡Tengo que volver corriendo hasta donde está Sapo! –exclamó.
El helado se derretía más y más.
Chorreaba por el saco de Sepo. Salpicaba sus pantalones y sus pies.
–¿Dónde está el sendero? –gritó Sepo– ¡No veo nada!
Sapo seguía sentado junto a la charca esperando a Sepo.
Un ratón pasó corriendo.
–¡Acabo de ver algo terrible! –gritó el ratón–. ¡Era grande y café!
–¡Algo cubierto de ramas y hojas avanza hacia aquí! –gritó una ardilla.
–¡Ahí viene una cosa con cuernos! –voceó un conejo–. ¡Sálvate! ¡Huye!
–¿Qué podrá ser? –preguntó Sapo.
Y aquella cosa con cuernos gritó su nombre:
–¡Sapo!
¿Qué podrá ser esa cosa tan extraña?
Escritor Arnold Lobel
Tomado del sitio el rincon de lecturas. _______________________________________________________
EL RENACUAJO PASEADOR
El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo,
salió esta mañana, muy tieso y muy majo.
Con pantalón corto, corbata a la moda,
sombrero encintado y chupa de boda.
"¡Muchacho, no salgas!" Le grita mamá.
Pero él hace un gesto y orondo se va.
Halló en el camino a un ratón vecino.
Y le dijo: "¡Amigo! venga, usted conmigo.
Visitemos juntos a doña Ratona
y habrá francachela y habrá comilona".
A poco llegaron, y avanza Ratón.
Estirase el cuello, coge el aldabón.
Da dos o tres golpes, preguntan: "¿Quién es?"
"–Yo, doña Ratona, beso a usted los pies".
"¿Está usted en casa?" –"Sí, señor, sí estoy:
y celebro mucho ver a ustedes hoy;
estaba en mi oficio, hilando algodón.
“Pero eso no importante; bienvenidos son".
Se hicieron la venia, se dieron la mano,
y dice Ratico, que es más veterano:
"Mi amigo el de verde rabia de calor,
démele cerveza, hágame el favor".
Y en tanto que el pillo consume la jarra
mandó la señora traer la guitarra
y a Renacuajito le pide que cante
versitos alegres, tonada elegante.
"–¡Ay! de mil amores lo hiciera, señora,
pero es imposible darle gusto ahora,
que tengo el gaznate más seco que estopa
y me aprieta mucho esta nueva ropa".
"–Lo siento infinito, responde tía Rata,
aflójese un poco chaleco y corbata,
y yo mientras tanto les voy a cantar
una cancioncita muy particular".
Mas estando en esta brillante función.
De baile y cerveza, guitarra y canción,
la Gata y sus Gatos salvan el umbral,
y vuélvase aquello el juicio final.
Doña Gata vieja trinchó por la oreja
al niño Ratico maullándole: "Hola"
y los niños Gatos a la vieja Rata
uno por la pata y otro por la cola.
Don Renacuajito mirando este asalto
Tomó su sombrero, dio un tremendo salto,
y abriendo la puerta con mano y narices,
se fue dando a todos "noches muy felices".
Y siguió saltando tan alto y aprisa,
que perdió el sombrero, rasgó la camisa,
se coló en la boca de un pato tragón
y éste se lo embucha de un solo estirón.
Y así concluyeron, uno, dos y tres,
ratón y Ratona, y el Rana después;
los gatos comieron y el Pato cenó.
¡Y mamá Ranita solita quedó!
tomado de karens113.blogspot
RANA MAYOR Y RANA MENOR
Había sequía en la aldea en donde vivían dos ranas. El arroyo que corría través de la aldea se había secado, y las ranas no tenían agua para beber.
“Quizá alguien dejó un poco de agua en un plato para un animal doméstico. Miremos en de esa casa,” dijo la rana mayor.
Mientras saltaban yendo hacia la casa, pasaron por un pozo.
“Mira,” dijo la rana menor. “¡Un pozo! Veamos si podemos conseguir agua de él.”
Ambas miraron abajo al pozo, pero estaba oscuro, y no podían ver dónde terminaba. La rana mayor soltó un guijarro, y escucharon cómo golpeó el agua, bien profunda.
La rana menor muy exaltada dijo impacientemente, “¡Saltemos adentro! Tengo sed!”
La rana mayor le advirtió, “Espera. No sabemos cuánta agua hay, y puede ser difícil salir de allí. Pienso que no debemos arriesgarnos.”
La rana menor gritó, “¡Pero tenemos sed! ¿Qué más podemos hacer? Pienso que debemos intentar.”
La rana mayor dijo severamente, “Intenta si deseas, pero yo no me meto en ese pozo.”
La rana menor pensó sobre eso. Profundamente, ella sabía que la rana mayor tenía razón. Aunque ella realmente quería el agua del pozo, finalmente estuvo de acuerdo: “Tú eres mayor y más sabia que yo. Tú siempre me has dado buenos consejos. Confiaré en tus palabras.”
Saltaron alejándose del pozo, sedientos pero vivos. Después de saltar de casa a casa, finalmente encontraron un plato de agua y alegremente saciaron su sed.
tomado de descubriendo mi verdadero yo
DOS RANAS DE CAMPO
Dos ranas eran buenas amigas. Una rana vivía cerca de una charca, mientras la otra vivía en un barranco al costado del camino. La rana de la charca y la rana del barranco estaban un día hablando.
La rana de la charca advirtió a su amiga, la rana del barranco, “Oí de una multitud de gansos que bebían en la charca ayer que está por llegar una tempestad grande con truenos.”
La rana del barranco respondió, “¡Una buena razón para celebrar! Necesitamos más lluvia.”
La rana de la charca contestó, “Por qué no vienes a quedarte en la charca durante la tormenta? Será mucho más seguro allí que cerca del camino.”
La rana del barranco dio un salto.
“No gracias,” dijo. “Me gusta vivir en el barranco, aunque es peligroso a veces.”
Tan pronto como la rana del barranco volvió a casa, empezó la tormenta. ¡La lluvia caía como arrojada de a baldes! Los conductores de carros y sus caballos tenían dificultad en ver los surcos del camino.
La rana del barranco, sin miedo, estaba sentada al lado del camino. Gozaba de la ducha fresca. Había una pequeña voz dentro de ella que parecía decirle que la rana de la charca tenía razón, y que se preocupaba por ella, y que la debería escuchar.
“¡Tonterías!” le dijo a la pequeña voz dentro de ella. “¡Sé perfectamente lo que es bueno para mí!”
De repente, un vagón que venía rodando se hundió en un surco y luego volcó, aplastando a la pobre rana del barranco debajo de su enorme rueda.
La rana de la charca vino a revisar a su amiga al día siguiente. La encontró aplastada al lado del camino.
“Lamento que fue tan testaruda,” sollozó. “Ella estaría viva hoy si solamente me hubiera escuchado.”
tomado de Descubriendo mi verdadero yo.
LA RANITA ESTRELLA
Reni era la ranita verde más alegre de todo el valle de Antón. A menudo se le veía saltar y saltar entre la verde naturaleza del lugar. Su lugar preferido era los charcos de agua fresca y transparente. Además, como buena hija, siempre fue obediente a su mamá doña Renata.
- “Aléjate de los hongos” – constantemente le ordenaba.
Una noche, antes de dormir, Reni miró hacia arriba y observó las luces que allí titilaban. Eran las estrellas.
- Yo quiero ir allá ¿Puedo mamá? – dijo Reni.
- ¡Claro que no!- le respondió la mamá.-Está muy lejos y nosotros nunca llegaríamos.
- ¿Y si salto muy fuerte y mucho?—inquieta le preguntó.
- ¡Ja, ja, ja!- Los únicos que hasta allá llegan son los que tienen alas. Pero ya duérmete que es tarde.
Y le dio el beso de buenas noches.
Al día siguiente, Reni buscó a don Facundo, el orgulloso halcón sabanero.
- ¿Me ayudaría usted a llegar hasta las estrellas? le preguntó.
Don Facundo de la risa que le dio, se tiró al suelo para reírse con más fuerza.
- “Las ranas no vuelan, saltan” le respondió – “Eres solo una ranita y nunca pasarás de las copas de los árboles”.
Abrió sus alas y se fue volando.
Doña Olga, la tortuga más lenta, del valle, encontró a Reni muy triste sobre una piedra.
- ¿Qué tienes? le preguntó.
- Es que no puedo volar.
La tortuga movió la cabeza lentamente de un lado a otro; y le dijo:
- La imaginación no necesita alas y con ella puedes ir donde quieras.
Y así, con un paso a la vez se alejó de la ranita soñadora. Reni se imaginó que estaba tan cerca de las estrellas que las podía tocar. Hasta saltaba de una estrella a otra.
Esa tarde, con el atardecer, el charco preferido de Reni estaba dorado por el reflejo del sol. Escuchó que alguien pedía auxilio. Era un pichón que cayó en el agua.
Reni, sin pensarlo dos veces, se lanzó a salvarlo. Doña Plumis, la mamá del pajarito en peligro, lloraba amargamente por su pequeño. Sin embargo, la valentía de Reni rescató al pajarito.
- ¿Pero qué te pasó? ¡Mírate! Todos los presentes le preguntaron.
La ranita era de color dorado y no verde como siempre. Intentó lavarse, pero no pudo.
Doña Olga que allí estaba le dijo:
- No llegarás hasta las estrellas, pero por tu valentía desde hoy serás como ellas: dorada.
Desde entonces ya no se habla de Reni, la ranita verde; sino de Reni, la ranita dorada.
escritor panameño
Danny Vega Mendez
SAPOS AMAESTRADOS

Una Rubia se acerca a una tienda de animales en el barrio en busca de una
mascota 'exótica'. Allí se encuentra con una caja llena de sapos y ranas.
El cartel dice:
'SAPOS DE SEXO' a solo 20 e. cada uno
Viene con las instrucciones.
La mujer, excitada, mira alrededor por si alguien estuviera escuchando,
y le dice por lo bajo al dependiente: ¡Quiero uno!
El hombre le envuelve uno y le dice que sólo tendrá que seguir las instrucciones.
La mujer le paga y sale disparada para casa.
Ya en casa, abre la caja, lee las instrucciones muy cuidadosamente y
las sigue al pie de la letra:
1. Tome una ducha
2. Use un perfume exquisito.
3. Póngase un salto de cama muy sexy.
4. Métase en la cama y deje que el sapo actúe como se le entrenó.
Se mete en la cama con el sapo y . . . NADA. No ocurre nada.
Relee las instrucciones y en último párrafo ve el siguiente aviso:
'Si tuviese algún problema o pregunta no dude en llamar a la tienda'.
Así que llama y el de la tienda le asegura:
"Estaré ahí en unos minutos".
Al ratito ya estaba llamando a la puerta. La mujer le recibe y le muestra:
"¿Ve? he seguido las instrucciones y el maldito sapo se queda ahí sentado".
El hombre, muy contrariado, agarra al sapo y mirándole a los ojos le dice muy cabreado:
¡¡ESCÚCHAME BIEN!!
¡¡¡ESTA ES LA ÚLTIMA VEZ QUE TE VOY A MOSTRAR CÓMO SE HACE!!!
COQUI COQUI!!!

El coro de las ranas estaba listo. Esa noche, cuando saliera la luna, estrenarían sus canciones de verano. Sarita, la rana profesora, comenzó el último ensayo…¿Qué estaba pasando? Un montón de animales marrones, parecidos a las ranas y con corbatas, se metían entre las demás, diciendo:
-Coquí, coquí, queremos cantar aquí.
-Éste no es lugar para ustedes, éste es el coro de las ranas verdes- dijo Sarita asustada- justo en el momento que más ranas marrones, pero con una flor en la cabeza, también decían:
-Coquí, coquí, queremos cantar aquí.
-Éste no es lugar para ustedes, éste es el coro de las ranas verdes- repitió la rana profesora y dio orden de empezar el ensayo.
Fue entonces que las canciones salieron mejor que nunca. Los raras ranas marrones cantaban con las demás y lo hacían maravillosamente y …desobedeciendo a Sarita. Ella, enojada, les dijo:
-Aquí mando yo.
-Eso es muy cierto, eso es verdad. Llamamos chicas con un co-co - dijeron los de corbata.
-Y si algún otro quiere venir, nos avisamos con un quí, quí.- continuaron, apoyados y aplaudidos por las chicas de la flor en la cabeza.
¿Qué podía hacer la rana? Si las echaba, se perdía un éxito y si los dejaba, su autoridad no se respetaría. Menos mal que llegó Rosita, la rana vieja y sabia y le dio un consejo al oído…
Entonces Sarita decidió:
-Si ustedes quieren cantar, quiénes son, de dónde vienen, me lo deben explicar.
Los bichos marrones, enseguida le entonaron a coro:
-No tenemos plumas ni picos, somos ranitas de Puerto Rico.
-Cantamos bien todas las canciones, somos las bellas ranas marrones-concluyeron.
Rosita entonces quedó satisfecha con la explicación…Ahora podía darles permiso para participar.
Esa noche, el sapo locutor anunció:
-GRAN ACTUACIÓN DEL CORO DE RANITAS VERDES Y SUS AMIGAS, LAS COQUÍES DE PUERTO RICO.
Salió el coro completo, formado por las simples ranas verdes de laguna y sus nuevas amigas. Para distinguir los señores ranas de la las señoras ranas, ellos se pusieron sombrero de copa y ellas un moño violeta. Con las corbatas rojas y las flores amarillas de las coquíes hicieron un conjunto espectacular. Tanto como las canciones que cantaron.
La luna y las estrellas escucharon con asombro tan bellas canciones y como hacía falta agua, para que todos tomaran y los botes pudieran navegar, llamaron a las nubes de tormenta.
Esa noche, luego del concierto, cayó una lluvia mansa, pero no muy abundante. Por la mañana salió el sol. Plantas y animales, recién lavados, lucían espléndidos. Además, todos encantados con el concierto coral de las ranas verdes y marrones. Pidieron a Sarita que lo repitiera y a la noche siguiente la función se repitió...¡Salió todavía mejor!¡Cómo aplaudieron todos! El coro tuvo que firmarles autógrafos a los admiradores y por suerte, nuevamente cayó la lluvia mansa…
El peligro de sequía se fue lejos y un montón de niños pudieron jugar sobre el césped limpio, andar en bote y saludar a las ranas ¡Fue un verano inolvidable!
Cuento : María Alicia Esain
tomado del blog La Luna Naranja
LA RANITA QUE QUERIA ENAMORARSE.

Una ranita muy bella quería enamorarse
Pero el amor no llegaba, comenzaba a preocuparse.
Los días pasaban lentos,
no era como en los cuentos
El príncipe no llegaba,
y la ranita esperaba.
La mamá muy preocupada
a su hijita preguntaba:
“Siendo rana como eres
¿Por qué un príncipe quieres?”
“Para ser los dos felices
Y comer muchas perdices”
Hasta que un día por fin,
lo conoció en el jardín.
¡Hermosa equivocación
cometió su corazón!
¡No era un príncipe encantado!
Sólo un sapo enamorado.
Pera ya nada importaba
porque estaba enamorada.
Aprendió que el corazón
poco sabe de razón
Príncipe, sapo o perdiz
lo importante es ser feliz...
Liana Castello, escritora argentina
LOS SUEÑOS DEL SAPO!!

Una tarde un sapo dijo:
- Esta noche voy a soñar que soy árbol.
Y dando saltos, llegó a la puerta de su cueva. Era feliz; iba a ser árbol esa noche.
Todavía andaba el sol girando en la vereda del molino. Estuvo largo rato mirando el cielo. Después bajó a la cueva, cerró los ojos y se quedó dormido.
Esa noche el sapo soñó que era árbol.
A la mañana siguiente contó su sueño. Mas de cien sapos lo escucharon:
- Anoche fui árbol - dijo -, un álamo. Estaba cerca de unos paraísos. Tenía nidos. Tenía raíces hondas y muchos brazos como alas, pero no podía volar. Era un tronco delgado y alto que subía. Creí que caminaba, pero era el otoño llevándome las hojas. Creí que lloraba, pero era la lluvia. Siempre estaba en el mismo sitio, subiendo, con las raíces sedientas y profundas. No me gustó ser árbol.
El sapo se fue, llegó a la huerta y se quedó descansando debajo de una hoja de acelga.
Esa tarde el sapo dijo:
- Esta noche voy a soñar que soy río.
Al día siguiente contó su sueño. Más de doscientos sapos formaron rueda para oírlo.
Anoche fui un río - dijo-. A ambos lados, lejos tenía las riberas. No podía escucharme. Iba llevando barcos. Los llevaba y los traía. Eran siempre los mismos pañuelos en el puerto. la misma prisa por partir, la misma prisa por llegar. Descubrí que los barcos llevan a los que se quedan. Descubrí también que el río es agua que está quieta, es la espuma que anda; y que el río siempre está callado, es un largo silencio que busca orillas, la tierra, para descansar. Su música cabe en las manos de un niño; sube y baja por las espirales de un caracol. Fue una lástima. No vi una sola sirena; siempre vi peces, nada más que peces. No me gustó ser río.
Y el sapo se fue, volvió a la huerta y descansó entre cuatro palitos que señalaban los límites del perejil.
Esa tarde el sapo dijo:
- Esta noche voy a soñar que soy caballo.
Y al día siguiente contó su sueño. Más de trescientos sapos lo escucharon. Algunos vinieron de muy lejos para oírlo.
- Fui caballo anoche - dijo-. Un hermoso caballo. Tenía riendas. Iba llevando un hombre que huía. Iba por un camino largo. Crucé un puente, un pantano; toda la pampa bajo el látigo. Oía latir el corazón del hombre que me castigaba. Bebí en un arroyo. Vi mis ojos de caballo en el agua. Me ataron a un poste. Después vi una estrella grande en el cielo; después el sol; después un pájaro se posó sobre mi lomo. No me gustó ser caballo.
Otra noche soñó que era viento. Y al día siguiente dijo:
- No me gustó ser viento.
Soñó que era luciérnaga, y dijo al día siguiente:
- No me gustó ser luciérnaga.
Después soñó que era nube, y dijo:
- No me gustó ser nube.
Una mañana los sapos lo vieron muy feliz a la orilla del agua.
-¿Por qué estás tan contento? - le preguntaron.
Y el sapo respondió.
- Anoche tuve un sueño maravilloso. Soñé que era sapo.
Javier Villafañe
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