Como una lluvia de balas, las piedras caían con violencia sobre las pequeñas ranas que se soleaban sobre las hojas de los nenúfares que flotaban en el estanque. Los animalitos se sumergían rápidamente o se ocultaban en el barro, para huir de los terribles golpes. Pero los niños, empeñados en aquella travesura, arrojaban una piedra tras otra, y los romos proyectiles cruzaban los aires zumbando.
-¡Deteneos! ¡Deteneos! -suplicó una de las ranas, mientras saltaba a buena altura sobre un nenúfar, para eludir una piedra que volaba-. ¡Deteneos! ¡Nos estáis hiriendo! ¿No lo comprendéis?
Pero los niños seguían riéndose, dedicados en cuerpo y alma a aquella diversión.
El granjero, que apareció en aquel preciso instante, vio lo que sucedía y, recogiendo un puñado de piedras, comenzó a apedrear a los niños, con tiros bien dirigidos. Cuando las piedras lastimaron sus desnudas piernas, los niños se echaron a llorar de dolor y suplicaron al granjero que no les tirara más.
-¿Por qué he de detenerme? -replicó él-. ¿Os habéis detenido vosotros cuando apedreabais a las ranas?
Luego hizo una pausa y agregó, sabiamente:
-¡Ya lo veis! Lo que divierte a unos, puede causar dolor a otros.
TOMADO DE MITOS Y LEYENDAS
LAS RANAS Y LOS NIÑOS.
Como una lluvia de balas, las piedras caían con violencia sobre las pequeñas ranas que se soleaban sobre las hojas de los nenúfares que flotaban en el estanque. Los animalitos se sumergían rápidamente o se ocultaban en el barro, para huir de los terribles golpes. Pero los niños, empeñados en aquella travesura, arrojaban una piedra tras otra, y los romos proyectiles cruzaban los aires zumbando.
-¡Deteneos! ¡Deteneos! -suplicó una de las ranas, mientras saltaba a buena altura sobre un nenúfar, para eludir una piedra que volaba-. ¡Deteneos! ¡Nos estáis hiriendo! ¿No lo comprendéis?
Pero los niños seguían riéndose, dedicados en cuerpo y alma a aquella diversión.
El granjero, que apareció en aquel preciso instante, vio lo que sucedía y, recogiendo un puñado de piedras, comenzó a apedrear a los niños, con tiros bien dirigidos. Cuando las piedras lastimaron sus desnudas piernas, los niños se echaron a llorar de dolor y suplicaron al granjero que no les tirara más.
-¿Por qué he de detenerme? -replicó él-. ¿Os habéis detenido vosotros cuando apedreabais a las ranas?
Luego hizo una pausa y agregó, sabiamente:
-¡Ya lo veis! Lo que divierte a unos, puede causar dolor a otros.
TOMADO DE MITOS Y LEYENDAS
LA RANA Y EL BUEY

Había una vez una rana muy ambiciosa y estúpida, que no consentía escuchar a los demás y mucho menos, oír frases como esta:
- No os podéis imaginar, he visto el buey más grande, hermoso y fuerte de toda la Tierra. Un auténtico coloso -.
- ¡Bah! - decía ella, - no haces más que exagerar, mosquito inútil. Nadie puede ser tan grande, bello y fuerte como yo. ¡Nadie! -.
Naturalmente, todos la tenían por una rana mentecata e ilusa, pero ella no daba su anca a torcer. Creía cada vez más firmemente que era un prodigio irrepetible en toda la Creación.
Estando un día a la orilla de una charca, secándose al sol, vio pasar un buey lustroso y magnífico. Alzaba más de cinco palmos del suelo y una poderosa energía parecía desprenderse de su figura.
La rana, irritada al verle, comenzó a respirar profundamente, tratando de aumentar su tamaño. Se fue hinchando más y más, hasta que los dibujos de su piel quedaron bien marcados. Pero, pese a sus esfuerzos, no podía hacerse tan grande como el buey.
Entre jadeo y jadeo, soltaba palabras malsonantes y llenas de frustración. Resuelta a jugarse el todo por el todo, tomó aire de nuevo y… ¡pum!, la rana estalló como una pompa de jabón.
Como véis, mal acabó esta rana presuntuosa, por negarse a aceptarse a sí misma tal y como era. Si cada cual aprende a conocer sus propias limitaciones, mucho mejor será la vida para todos, ¿verdad?
extraido de "una fabula cada dia"
LA ZORRA Y LA RANA

Doña Zorra se pasaba el día presumiendo de ser muy rápida. Era un castigo oírle siempre la misma canción. Harta ya de tal estribillo, Doña Rana le gritó en voz alta:
- ¡Bah! No hace más que hablar y hablar. Yo soy más rápida que usted y, para demostrárselo, le desafío a una carrera.
La zorra, sonriendo con desprecio, aceptó la proposición de Doña Rana. Comenzó la carrera y, sin que Doña Zorra lo advirtiera, Doña Rana saltó sobre su lomo. Así fueron avanzando metro tras metro.
De vez en cuando, Doña Zorra, muy segura de sí, volvía la cabeza, tratando de comprobar la ventaja que sacaba a su rival. Al no ver a la rana, suponía que la había dejado muy atrás; por eso no se esforzaba mucho.
Poco antes de llegar a la meta, Doña Rana dio un tremendo salto y cayó justo sobre la línea de meta, unos metros por delante de Doña Zorra quien, sorprendida, no podía dar crédito a lo que veía.
Mientras la zorra consumía sus últimos metros de la carrera, Doña Rana le gritaba desde la meta:
- ¡Amiga Zorra! Hace rato que la estoy esperando. No comprendo cómo es usted tan lenta.
Doña Zorra se fue con el rabo entre las patas. Su presunción había sido castigada.
extraido de fabuleando.com
LA RANA QUE QUERIA SER AUTENTICA.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su ansiada autenticidad.
Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse (cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo, especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.
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